El camino a Dios son sus mandamientos

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Los dones de Dios son numerosos y a lo largo de la vida, si cada persona los acoge puede maravillarse de Su generosidad

Rezar con los salmos es una guía semanal que te ofrecemos para meditar sobre la Palabra de Dios. Hoy te presentamos el Salmo 112 (111).

En este caso, cuando se habla de temer a Dios, se trata más bien de un acto de reverencia profunda, de reconocimiento de la grandeza y el poder del Absoluto.

Al igual que temer, complacerse en sus mandamientos lleva al hombre a obrar según los designios de Dios.

¿Y cuáles son sus deseos? El bien, el amor, la paz, la benevolencia, la misericordia.

Por eso no basta el temerlo, reverenciarlo, es necesario amarlo para lograr ser uno con Él.

Obrar según sus mandamientos

Cuando el salmista habla de que quien teme a Dios no tendrá que preocuparse por recibir malas noticias, no está diciendo que su suerte cambiará y se volverá un super humano que no vive las cosas de la tierra.

Se refiere a que cuando uno confía y vive en el Señor, las malas noticias son vividas con mayor serenidad y esperanza.

¿No te ha pasado? Cuando estás pasando por un momento desafortunado y piensas que Dios te sostiene, ¿no se te quita automáticamente una carga que llevas de más?

Del mismo modo, quien obra según los mandamientos de Dios, quien lo ama, camina seguro.

Temer y amar al Señor

Los dones de Dios son numerosos y a lo largo de la vida, si cada persona los acoge puede maravillarse de Su generosidad, pues no depende de la bondad humana.

Dios es bueno y misericordioso y acogerle como Padre, como Maestro y como Dios invita a las personas a vivir de la misma manera.

Y aunque limitadamente por ser criaturas, siempre se puede tener la confianza en que, si tememos al Señor, lo amamos y acogemos sus mandamientos, terminaremos amando como Él, y en la mejor versión de nosotros mismos.

Salmo 112(111),1-2.7-9

Feliz el hombre que teme al Señor

y se complace en sus mandamientos.

Su descendencia será fuerte en la tierra:

la posteridad de los justos es bendecida.

No tendrá que temer malas noticias:

su corazón está firme, confiado en el Señor.

Su ánimo está seguro, y no temerá,

hasta que vea la derrota de sus enemigos.

El da abundantemente a los pobres:

su generosidad permanecerá para siempre,

y alzará su frente con dignidad.

Texto bíblico: Libreria Editrice Vaticana

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