el secreto del buen humor de Francisco

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Un video en que el Papa Francisco hace una broma sobre los brasileños se hizo viral en Internet.

A la salida de la audiencia general del miércoles 26 de mayo de 2021, el sacerdote brasileño João Paulo Souto Victor, de Campina Grande (PB), le pidió al papa Francisco: “Santo Padre, rece por nosotros, brasileños”. El Papa, entonces, sonrió e hizo una broma: “Ustedes no tienen salvación. Es mucha cachaza y poca oración”.

El video tuvo una amplia repercusión en las redes sociales, y la broma sobre los brasileños fue el blanco de muchos comentarios en las páginas de noticias y perfiles católicos. «Nuestro Santo Padre sabe cosas», bromeó un internauta.

Otros rebatieron las críticas en relación a la broma. «Es obvio que fue solo un momento relajado. Quien acompaña al Papa sabe que todos los días él ora y pide por todo el pueblo de Dios. Cuántas veces él ha pedido oración a los brasileños», contó una mujer.

Vale decir que varias veces Francisco ha dicho que ama Brasil, el primer país que visitó como Papa y donde manifestó interés en volver.

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De dónde viene el buen humor del Papa

La broma con los brasileños fue solo un matiz del buen humor característico del papa Francisco. «Si no se mantiene el sentido del humor, es muy difícil ser feliz», subrayó el Pontífice en su libro de entrevistas «Dios es joven».

De hecho, con Francisco, el buen humor ha roto barreras en el Vaticano. Él siempre tiene una sonrisa y una alegría que le permiten vivir en armonía con todos.

Pero ¿cuál es el secreto para un líder con tanta responsabilidad vivir en constante buen humor?

Para el Papa, el humor «es como el agua que sale naturalmente efervescente de la fuente; hay algo más: [el buen humor] entiende la vida, el movimiento», y la vida es «algo muy serio para ser vivida seriamente».

Francisco también revela que, para mantener la alegría y el humor, reza diariamente (y desde hace 40 años) una oración a santo Tomás Moro, un hombre alegre y comprometido con los temas más graves.

Esta es la oración:

Concédeme, Señor, una buena digestión

y, también, algo que digerir.

Dame, Señor, un alma santa

que sepa aprovechar lo que es bueno y puro

para que no se asuste ante el pecado,

sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento

las murmuraciones, los suspiros y los lamentos,

y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama yo.

Dame, Señor, el sentido del humor;

concédeme la gracia de comprender las bromas

para que conozca en la vida un poco de alegría,

y pueda comunicársela a los demás.

Amén.

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