MONS. ADÁN RAMÍREZ ORTÍZ

In memoriam

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

En el amanecer del 15 de noviembre dejó de existir en Caracas, Mons. Adán Ramírez Ortíz, Vicario General, Deán de la Catedral Metropolitana. El cáncer de tiroides lo fue consumiendo por más de un año en el que la tenacidad de vivir y servir, sin mayores sobresaltos no exentos de momentos de desánimo que fueron compensados con la purificación de su deseo de ser sacerdote para siempre y útil a los suyos. Por eso, le preocupaba estar postrado y no poder colaborar más y mejor. Eso lo llevó a ofrecer cursos vía digital sobre liturgia, una de sus materias preferidas y que dominaba, tratando de comunicar el sentido comunitario, esperanzador y motor de la vida creyente.

Me impresionó en esta última etapa de su vida, el deseo, mejor la convioncción de vivir, pero sin sobresaltos ni rechazo a la muerte que lo acechaba. La víspera de su deceso, cuando era necesario llevarlo a la clínica para una más solícita atención, me dijo antes de ser conducido a la ambulancia que me acordara de él y le diera una parroquia, pues se iba a restablecer pronto. Fueron sus últimas palabras para conmigo, musitando una solicitud de bendición que lo acompañó en sus últimas horas.

Su deceso generó una lluvia de notas de duelo y expresiones de cariño y de fe de numerosas parroquias de la arquidiócesis a la que sirvió toda su vida, y de compañeros de otras diócesis que lo estimaban y gozaban de mutua amistad. La manifestación de fraternidad del clero es digna del mejor encomio, pues es signo de esa sinodalidad, el caminar juntos, en comunión, en las buenas y en las malas. Bálsamo para todos, esta manifestación de cariño que, a pesar de las restricciones de bioseguridad, desbordaron los aforos permitidos. Sus restos reposan en el Cementerio del Este, en el sector donde yacen los cuerpos inertes de numerosos hermanos sacerdotes.

Personalmente, tengo mucho que agradecer a Mons. Adán por la diligencia en ayudarme en esta etapa, en la configuración de un servicio ministerial acorde con las necesidades del momento. No fue nada nuevo ni ocasional, pues en tiempos pasados gocé de su aprecio e invitaciones a presidir celebraciones en Santa Teresa, a los pies del Nazareno de San Pablo, a quien le profesó especial devoción y entrega.

Adán nació en Caracas el 23 de febrero de 1964, el mayor de tres hermanos del matrimonio de Carlos José Ramírez y Edelmira Ortiz de Ramírez. Bachiller en ciencias, cursó hasta el cuarto semestre en Geografía e Historia en Instituto Pedagógico, que cambió por el camino sacerdotal, ingresando al Seminario Interdiocesano de Caracas en 1983 hasta julio de 1990. Recibió la ordenación sacerdotal de manos del Cardenal José Alí Lebrún el 1 de septiembre de 1990.

Párroco de San Juan Bautista (1992-1997), de Santa Teresa (1997-2015), arcipreste de Catedral y Deán del Capítulo Metropolitano desde el 2015. Canciller del Arzobispado desde el 2001 hasta el presente. Juez del Tribunal Eclesiástico. Sirvió con entrega sincera a sus superiores, el Cardenal Lebrún, el Cardenal Velasco del que fue secretario privado, y del Cardenal Urosa. A todos ellos les manifestó alegre obediencia y diligente disposición. En estos últimos años fue uno de mis vicarios generales.

Descanse en paz, servidor bueno y fiel, humilde y servicial, querido por la gente sencilla que llora su ausencia. Todas las parroquias de la arquidiócesis le celebran novenario por su eterno descanso.

65.- 15-11-21 (3451)

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