Podemos hacer algo por Lara

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La imagen de esta joven argentina en el piso de un hospital está dando la vuelta al mundo. ¿Se la puede ayudar de alguna manera? Sí

La imagen de esta joven diabética con Covid recostada en el piso de un hospital esperando para recibir atención médica se ha viralizado en las últimas horas.

¿En algún momento se nos ha ocurrido pensar que no podemos hacer nada por ella?

Nada de eso. Lo primero que podemos hacer es conocerla: Lara Arreguiz, 22 años, argentina, apasionada por los animales, estudiante de Veterinaria.

A mediados de este mes empezó a mostrar síntomas de coronavirus y la semana pasada el test positivo confirmó que se había contagiado. Junto a sus padres buscó asistencia médica.

Las limitaciones del sistema de salud en esta pandemia se expresan en esta foto que le hizo su madre, Claudia Sánchez, en uno de los hospitales a los que acudieron.

En ese momento necesitaba estirarse y, al no poder echarse en una camilla, se acomodó en el suelo. Una mujer que la vio le prestó su chaqueta para abrigarse.

El virus le dañó los pulmones, el sistema respiratorio, el corazón,… Falleció el pasado viernes. Sí, murió, pero todavía podemos hacer algo por ella.

Compartir el dolor

Conociendo un poco su historia, podemos tratar de imaginar lo que sufrió y compartir el dolor de su familia y sus amigos, «un dolor en el alma que asfixia”, en palabras de su padre.

No cerrar los ojos a su sufrimiento, sino acogerlo y compartirlo, es ya una manera de ayudar a Lara.

Haciendo más compasivo nuestro corazón podemos prepararlo para realizar alguna obra de misericordia corporal o una donación o ayuda social a un hospital o donde se requiera apoyo económico para sostener el sistema sanitario. 

Hacerlo sagrado

Podemos imaginar que tomamos el cuerpo de Lara con nuestros brazos. Como María de Nazaret cuando sostuvo a su hijo muerto.

CROPPED MICHELANGELO PIETA

También podemos entregar a Lara a la misericordia de Dios y rezar. Pedirle que la acoja en un lugar sin enfermedades ni limitaciones sanitarias ni de ningún tipo. Y que transforme las lágrimas por su ausencia en bálsamo para la esperanza y la paz.

Los católicos podemos hacer sagrada la entrega de la vida de Lara, unir su sacrificio al de Cristo y ofrecérselo a Dios Padre en la próxima Misa que celebremos.

No alcanzamos a imaginar hasta qué punto podemos ayudar a esta joven pensando en ella, hablando de ella, orando por ella.

A Dios -resuenan hoy las palabras de la Biblia en las iglesias del mundo- «ningún pensamiento se le escapa, ninguna palabra se le oculta».

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