Secretariado de catequesis de la Arquidiócesis de Mérida presenta Guía Pedagógica para el Estudio del Directorio para la Catequesis

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Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo
Arzobispo Metropolitano de Mérida
Administrador Apostólico de Caracas

“Sin memoria no hay presente ni futuro. El ser humano es un ser histórico, no
atemporal, y está llamado a interpretar y actualizar desde el contexto concreto en el que vive las realidades que le son esenciales a su naturaleza o le han sido dadas gratuitamente en la revelación”.


He leído con fruición el trabajo preparado por el Secretariado Catequístico de
Mérida sobre el Directorio para la Catequesis. Me ha hecho revivir experiencias de la adolescencia y hacer memoria de la fascinante historia de la catequesis en nuestra patria. Estoy convencido que la prioridad evangelizadora desde hace cinco siglos ha sido la preparación inicial a la vida cristiana. Los primeros misioneros que tuvieron que atender y adoctrinar a indígenas y mestizos, separados por largas distancias y fragosos caminos, dejaban en cada lugar, algún hombre o mujer que fungía de celebrador y maestro de la fe. Cada orden religiosa tenía su catecismo, su cartilla que contenía las verdades fundamentales del cristianismo, salpicada con oraciones y ejercicios piadosos para diversas circunstancias. Se forjó así, poco a poco, la rica religiosidad popular, con un protagonismo laical importante, en el que la creatividad quedó plasmada en procesiones, cantos, representaciones plásticas, todas ellas con sentido comunitario, terminando casi siempre en un compartir que ayudaba a amalgamar la amistad y la fraternidad.

El siglo XIX venezolano es deudor de este primer humus sembrado en los siglos coloniales. Ante la escasa presencia sacerdotal por razones que nuestra historia explica bien, la fe se trasmitió de padres a hijos, y se nutrió de expresiones religiosas que nos pueden parecer extrañas o espurias. Echar el agua no es una desviación del bautismo sino el acatamiento de bautizar cuanto antes al recién nacido, a sabiendas que el misionero itinerante pasaba de año en año. Las cofradías, expresión también laical, tuvieron a celosos custodios de imágenes, devociones y procesiones, que tanto en los tiempos de adviento-navidad, cuaresma-semana mayor y las fechas de las
advocaciones o santos patronos, fueron las encargadas de mantener viva y actuante la fe de numerosos pueblos y caseríos.

Las numerosas cartas pastorales de los obispos de antaño prescribían
constantemente la urgencia de la catequesis. Las Instrucciones Pastorales de 1904, 1928 y 1957 le dedican sendos capítulos a la organización de la catequesis. En el siglo XX son numerosos los catecismos autóctonos, como los del Padre Machado o de Mons. Arias Blanco. Preguntas y respuestas, organizadas en etapas, para la preparación a la Primera Comunión y la catequesis llamada de perseverancia.

Los cambios surgidos a raíz del Concilio Vaticano II han generado muchas
iniciativas, desde las instancias vaticanas como de las regionales, nacionales y locales.

Es un estudio que necesita ser sistematizado para que tengamos memoria y sobre todo para que no pensemos que es ahora cuando nos estamos ocupando de verdad en una catequesis orgánica. Nuestra arquidiócesis tiene mucho que agradecer a la labor catequética promovida e impulsada desde Mons. Del Villar y el Padre Efraín Aceros, desde finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta del siglo veinte, hasta nuestros días.

El Concilio Plenario de Venezuela le dedica un extenso documento a la catequesis, señalando que “es la acción eclesial que trata de fundamentar la fe de todo cristiano.

No trata solo de preparar para recibir un sacramento, sino de acompañar al creyente en el crecimiento de su fe hasta llegar a la madurez. No es una mera enseñanza, sino un aprendizaje, un noviciado que inicia a la totalidad de la vida cristiana. Sin ella no se sostiene ni se desarrolla la vida cristiana”.

El Directorio de la Catequesis aprobado por el Papa Francisco el 2020 es la
hoja de ruta que intenta ayudar a los agentes pastorales en el cumplimiento del compromiso de trasmitir el Evangelio. La presente guía tiene una clara intención pedagógica, conocer bien el documento, interiorizarlo, rumiarlo para hacerlo propio y expresarlo en la vida más que en los conceptos. En su lectura, me sentí como catequizando, teniendo delante el texto pontificio y las preguntas elaboradas. Me trajo a la memoria al Padre Hilario Briones, agustino recoleto, quien me preparó para la primera comunión, siguiendo al pie de la letra el catecismo de Mons. Arias y el catecismo FTD de los Hermanos Cristianos. Invito a nuestros jóvenes catequistas, duchos en el manejo de las nuevas tecnologías para que conviertan esta guía en un instrumento digital que lo haga atractivo y sugerente para los catequistas para que lo puedan trasmitir con mayor sintonía con las actuales generaciones.

Concluyo con esta cita del Papa Francisco para que tengamos el coraje de asumir con entusiasmo la realidad, porque no nos faltará nunca la ayuda del Señor. “En estos tiempos difíciles, me dan esperanza las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20). No estamos solos. Por eso no tenemos que tener miedo de adentrarnos en la noche oscura de los problemas y el sufrimiento. Sabemos que no tenemos todas las respuestas preparadas y empaquetadas, pero igual confiamos en que el Señor nos abrirá puertas que ni siquiera imaginábamos que existían”. “Claro que vacilamos. Frente a tanto sufrimiento, ¿quién no se asusta? Está bien temblar un poco. De hecho,
sentir temor ante la misión puede ser una señal del Espíritu Santo. Nos podemos sentir al mismo tiempo inadecuados y llamados a la tarea. Ese ardor que sentimos en el corazón nos confirma que el Señor nos está pidiendo que lo sigamos” (Papa Francisco, Soñemos juntos, p. 21).

Al felicitar sinceramente a la Hna. Gleudy Lara y al equipo que colabora con ella, le auguro a esta guía, ser una excelente hoja de ruta para que miles de catequistas se actualicen para ser mensajeros alegres y esperanzados en un mundo desorientado y desanimado. El Señor está con nosotros y no nos desampara.

Caracas, 14 de enero de 2021,
festividad de la Divina Pastora y del Santo Niño

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