TRES PILARES

La crónica menor

Cardenal Baltazar Porras Cardozo
Primer pilar: El 3 de julio de 1922, hace cien años, nació en Carora el Padre Hermann
González Oropeza, jesuita, investigador, historiador, profesor universitario, con vocación
de servicio a la juventud popular. En el centenario de su nacimiento queremos rendir este
sencillo homenaje para recordar y agradecer su rico aporte a la academia, la Iglesia y
sociedad venezolana y a la Compañía de Jesús. Falleció en Caracas el 10 de febrero de
1998.
El padre Hermann González dejó una larga obra publicada. He aquí algunos de sus
títulos: La fundación de Maturín y la cartografía del Guarapiche, (1957) (Coautor con
Pablo Ojer Celigueta). La frontera de la Guayana Esequiba, (1958). «Memoria sobre los
límites entre las Guayanas inglesa y venezolana» en: Rafael María Baralt. Obras
Completas, (1960). La liberación de la Iglesia venezolana del Patronato Eclesiástico, (1968
y 1988). Iglesia y Estado en Venezuela, (1977 y 1997). Fe cristiana y marxismo.
Documentos, (1978). Atlas de la historia cartográfica de Venezuela, (1983 y 1987). Historia
del Estado Monagas, (1985). El Seminario Santa Rosa de Lima entre los años 1856-
1915, (1986). Historia de las fronteras de Venezuela, (1989), (Coautor con Manuel Donís
Ríos). Vida religiosa en la Venezuela republicana, (1990). La Iglesia en la Venezuela
hispánica, (1991). La capilla del Calvario de Carora, (1994). Todo esto sin contar con su
colaboración para el Diccionario de Historia de la Fundación Polar, (1988 y 1997), además
de un número significativo de artículos de prensa, ponencias, discursos y algunas obras no
impresas. A estas publicaciones tenemos que añadir los muchos papeles inéditos que
dejó, bien custodiados en los predios de la Universidad Católica Andrés Bello, materiales
valiosos para reconstruir la historia venezolana de varios siglos.
Pero más allá de su obra escrita, el Padre Hermann nos dejó la riqueza de su bonhomía, su
amor profundo para introducirnos en la valoración de nuestra identidad cultural como
pueblo venezolano, y el gran aporte de la Iglesia a la venezolanidad y la religiosidad. Son
muchos los exalumnos, eclesiásticos y civiles, que lo recuerdan con devoción y afecto. En
lo personal tuve la dicha de compartir diversos proyectos, pero sobre todo de gozar de su
amistad, de su temple de recio jesuita y de beber en el pozo de su sabiduría. Sirva esta
sencilla crónica para refrescar la memoria de quien merece mucho más que este somero
recuerdo.
Segundo pilar: Mons. Ramón Inocentes Lizardi, obispo auxiliar de Caracas, falleció en la
capital de la república, el 30 de julio de 1972, hace cincuenta años. Sus restos reposan en
la Catedral Metropolitana de Caracas. Nació en Ciudad Bolívar el 28 de diciembre de 1909.
Es el primer obispo nativo de Guayana. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1934.
Asimilado por La Academia Militar Fort Slocum (Nueva York), en el año 1.947, egresado

del Pedagógico de Caracas, como Profesor de Inglés en el año 1. 953. En los primeros días
del mes de Julio de 1947, fue nombrado Director del Servicio Nacional de las Fuerzas
Armadas, precursora del futuro Ordinariato Militar. Se desempeñó como columnista del
Diario “La Religión”, Dramaturgo, Poeta, Psicólogo y Filósofo. Brillante Orador,
considerado “Pico de Plata” por la elegancia y profundidad de su pensamiento. El discurso
titulado “La Eucaristía y la Patria”, pronunciado en la misa pontifical del día de las Fuerzas
Armadas de Colombia en el primer Congreso Euarístico Bolivariano, celebrado en Calí, el
29 de enero de 1949, fue objeto de elogios por la belleza y dominio de la lengua y la
profundidad del pensamiento cívico y religioso. Tenía dominio del Inglés, francés, Griego,
Italiano, Portugués y Alemán. En ocasión de sus bodas de plata sacerdotales (1959), Mons.
Rafael Arias Blanco, arzobispo de Caracas, promovió la publicación de los discursos de su
Auxiliar, recogidos en eel libro que lleva por nombre “Palabra y Circunstancia”. Es tarea
pendiente recoger sus artículos de prensa en Caracas y el interior para darles publicidad y
servir de ejemplo para los oradores sagrados de hoy, pues como miembro de la Academia
Nacional de la Lengua gozó de alta estima de sus contertulios.
En el pórtico del libro Mons Luis E. Henríquez señala: “Estos discursos conservan algo de la
divina Palabra, la que “penetra hasta las entretelas del alma y del espíritu”, la que suscita
y conserva la vida de los mundos. Ellos suscitan en nosotros sentimientos olvidados, ideas
recién nacidas. Hacen pensar y sentir”.
Fue fiel solícito colaborador como obispo auxiliar de Mons. Rafael Arias Blanco y del
Cardenal José Humberto Quintero. Elegante en su porte, afable y conversador con los
seminaristas de entonces, irradiaba bondad por su sencillez y simpatía. Su memoria es
testimonio de entrega y servicio desinteresado a la Iglesia y a la sociedad venezolana.
Tercer pilar: el 4 de agosto, memoria del santo Cura de Ars, falleció en Bilbao el Padre
Mikel de Viana, sj., como desenlace de una diabetes que le cercenó la vida. Hijo de
inmigrantes vascos, Mikel nació en Caracas en 1953 y se crió en los predios de Santa
Rosalía. Integró magistralmente en su personalidad su amor a Venezuela y a la tierra de
sus mayores, llegando a tener dominio del euskera. En la vocación jesuítica, a la que entró
a los 22 años, encontró la realización de su vida. Exceelente preparación intelectual y
espiritual, maestro de la fe y de la vida, desde su vida universitaria irradió conocimientos,
verdad y honestidad. “Ser jesuita fue para Mikel cargar la cruz de Jesús y combinar la fe y
la razón en diversas materias de ética y de “introducción al estudio del hombre”, básica
para la identidad ucabista, en los retiros ignacianos para profesionales, en el
acompañamiento de formación teológica a grupos de profesionales, investigación social
etc. Todo ello exigía del jesuita luchar por una sociedad libre y justa en la Venezuela, que
entraba al siglo XXI marcada de promesas deslumbrantes, pero preñadas de opresión y
miseria dictatorial” (Luis Ugalde).
Las denuncias sobre la situación del país lo llevó a estar en peligro de su vida por lo que
sus superiores optaron por enviarlo a la Universidad de Deusto donde ejerció con creces
varias cátedras. Su amor a la patria lo mantuvo siempre unido en el pensamiento y en la

nostalgia. Bellos testimonios de sus compañeros y alumnos retratan una vida de entrega
generosa. Los gozamos de su amistad añoramos su cercanía afectiva y su espíritu
combativo por la verdad. La diabetes mermó sus fuerzas y lo condujo al sepulcro. En la
capilla de la UCAB celebramos la eucaristía rodeado de muchos amigos de camino. Las
intervenciones del Padre Ugalde y del Rector Virtuoso fueron un canto a su vida de
creyente, de docente, de universitario, de maestro espiritual, de jesuita y de amigo
sincero y franco. Descanse en paz.
48.- 12-8-22 (6885)

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