Y la promesa de Dios se vuelve carne

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También se le llama «Fiesta del Magnificat”

A finales del mes de mayo, dedicado a la Virgen, la Iglesia celebra la Visitación de María a su prima Isabel, que culmina en el cántico de amor y alabanza del Magnificat.

En aquellos días, María partió  y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Lc 1,39

El ángel acababa de anunciar a María que sería la madre de Jesús por obra del Espíritu Santo y que también Isabel, quien era ya una anciana, estaba embarazada por el poder de Dios.

María se puso en marcha para visitar a su prima y ponerse a su servicio. Uniéndose probablemente a una caravana de peregrinos que se dirigía a Jerusalén, cruzó Samaria y llegó a Ein Karem, un pueblo que hoy es considerado un barrio de Jerusalén.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno

Lc 1,41

La Visitación es el encuentro entre dos mujeres embarazadas en virtud de la gracia de Dios que volvió fecundo su vientre, uno virgen, el otro estéril.

Exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

Lc 1,42

Promesa hecha carne

Pero la Visitación no es solo el encuentro entre dos futuras madres: es el reconocimiento de que la promesa de Dios se ha hecho carne y el tiempo se ha cumplido.

La fiesta de la Visitación es la fiesta de la Caridad: María transforma en amor por los demás la experiencia de su encuentro íntimo con Dios. Pero es también la fiesta de la alegría, que culmina en el canto del Magnificat.

María no responde directamente al saludo de Isabel, pero sí expresa con el himno del Magnificat, un cántico de alabanza y agradecimiento inspirado en la Biblia y en los salmos.

Máxima expresión de amor

San Bernardino de Siena lo definió como la máxima expresión «del amor gozoso que canta y alaba al amado»

El Magnificat habla de la predilección de Dios por «la humildad de su sierva”, Su benevolencia hacia los pobres y los pequeños, Su auxilio al pueblo de Israel en virtud de la promesa hecha a Abraham.

Según la tradición, Juan Bautista nace seis meses antes que Jesús, el 24 de junio. María se queda con Isabel 8 días después de esa fecha, cuando, según la tradición judía, se le daba el nombre al niño.

La Visitación es una fiesta de origen franciscano e inicialmente se celebraba el 2 de julio, el día en que María termina su visita a su prima Isabel.

Luego se pensó posponerla inmediatamente después de la Anunciación, pero para evitar que cayera en Cuaresma, fue colocada de manera definitiva el 31 de mayo, antes del nacimiento de Juan Bautista y la culminación del mes expresamente dedicado a María. 

Magnificat

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios,
mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.

Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho
obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Texto del Magnificat de Vatican News

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